A casi 90 años de la publicación original del libro Cúrese a Ud. mismo, el pensamiento del Dr. Edward Bach cobra más vigencia que nunca. Edward Bach fue una persona visionaria, profética e indudablemente un adelantado a su tiempo. Su mayor legado son las conocidas flores de Bach, sin embargo, en sus escritos encontramos perlas de sabiduría condensadas en breves párrafos sobre la salud y la enfermedad que deseamos compartir con ustedes en esta edición de Revista Mundo Nuevo.

Dr. Edward Bach

La enfermedad no es material en su origen

La principal razón del fracaso de la ciencia médica moderna es que trata los resultados, pero no las causas.

Nunca se erradicará ni se curará la enfermedad con los actuales métodos materialistas, por la sencilla razón de que la enfermedad no es material en su origen.

La enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el Alma y la Mente.

Verdades fundamentales sobre la enfermedad

Para entender la naturaleza de la enfermedad hay que conocer ciertas verdades fundamentales:
El hombre tiene un Alma que es su ser real.

Somos personalidades que estamos aquí para…desarrollar las virtudes que nos falten y para borrar de nosotros todo lo malo que haya, avanzando de ese modo hacia el perfeccionamiento de nuestras naturalezas.
Nuestro breve paso por la tierra, que conocemos como vida, no es más que un momento en el cuerpo de nuestra evolución, como un día en el colegio lo es para toda una vida.

Mientras nuestra Alma y nuestra personalidad estén en buena armonía, todo es paz y alegría, felicidad y salud. Cuando nuestras personalidades se desvían del camino trazado por el alma, o bien por nuestros deseos mundanos o por la persuasión de otros, surge el conflicto. Ese conflicto es la raíz, causa de enfermedad y de infelicidad.

El siguiente gran principio es la comprensión de la Unidad de todas las cosas. Así cualquier acción contra nosotros mismos o contra otro afecta a la totalidad, pues al causar una imperfección en una parte, ésta se refleja en el todo.

Así pues, vemos que hay dos errores fundamentales posibles: la disociación entre nuestra alma y nuestra personalidad, y la crueldad o el mal frente a los demás, pues ése es un pecado contra la Unidad.
La enfermedad es en sí beneficiosa, y tiene por objeto el devolver la personalidad a la Voluntad divina del Alma.
Puede que no sean los errores de esta vida, de este día de colegio, los que estamos combatiendo.

Lo que conocemos como enfermedad es la etapa terminal de un desorden mucho más profundo, y para asegurarse un éxito completo en el tratamiento, es evidente que tratando sólo el resultado final no se logrará una eficacia total a no ser que se suprima también la causa básica.

Si tenemos en nuestra naturaleza suficiente amor para todas las cosas, no podemos hacer el mal; porque ese amor detendrá nuestra mano ante cualquier acción, nuestra mente ante cualquier pensamiento que pueda herir a los demás. Pero aún no hemos alcanzado ese estado de perfección; si lo hubiéramos alcanzado, no se requeriría nuestra existencia aquí.

Las causas de la enfermedad

Las primeras enfermedades reales del hombre son defectos como el orgullo, la crueldad, el odio, el egoísmo, la ignorancia, la inestabilidad y la codicia; y cada uno de estos defectos, tomado por separado, se verá que es adverso a la Unidad.

Ahora podemos ver cómo cualquier tipo de enfermedad que podamos sufrir nos llevará a descubrir el defecto que yace bajo nuestra aflicción. Por ejemplo, el orgullo que es arrogancia y rigidez de la mente, dará lugar a esas enfermedades que producen rigidez y entumecimiento del cuerpo.

Por otra parte, la propia zona del cuerpo afectada no es casual, sino que concuerda con la ley de causa y efecto, y una vez más será un guía para ayudarnos. Por ejemplo, el corazón, la fuente de vida y por tanto de amor, se ve atacado especialmente cuando el lado amable de la naturaleza frente a la humanidad no se ha desarrollado o se ha utilizado equivocadamente.

En la enfermedad no hay nada de tipo accidental, ni en su tipo ni en la parte de cuerpo a que afecte; como todo lo demás resultado de la energía, obedece a la ley de causa y efecto.

Algunas enfermedades pueden ser causadas por medios físicos directos, como los asociados con ciertos venenos, accidentes y heridas, y grandes excesos; pero la enfermedad en general se debe a algún error básico en nuestra constitución, como en los ejemplos que dábamos antes.

Para lograr una curación completa, no sólo habrá que utilizar medios físicos, sino que tendremos que actuar nosotros mismos dedicando toda nuestra capacidad para suprimir cualquier defecto en nuestra naturaleza.

Dado que hay una raíz principal en toda enfermedad, a saber, el egoísmo, así también hay un método seguro y principal para aliviar cualquier padecimiento: la conversión del egoísmo en dedicación a los demás.

Bach animalista y vegetariano

La humanidad ha contraído ya una deuda muy grande con los animales a los que ha torturado y destruido, y lejos de beneficiarse el hombre con tan inhumanas prácticas, sólo se perjudica al reino tanto animal como humano.

Desde luego habría que evitar la carne animal; primero porque provoca en el cuerpo veneno físicos; segundo porque estimula un apetito excesivo y anormal; y tercero, porque implica crueldad con el mundo animal.

Deberíamos elegir cosas limpias y completas y lo más frescas posible, principalmente frutas naturales, verduras y frutos secos.

La nueva medicina

La curación pasará del ámbito de los métodos físicos de tratamiento del cuerpo físico a la curación mental y espiritual, que, al restablecer la armonía entre la mente y el alma, erradique la auténtica causa de la enfermedad, y permita después la utilización de los medios físicos para completar la curación del cuerpo.

Parece totalmente posible que el arte de la curación pase de manos de los médicos a manos de los sanadores natos que existen en toda generación, pero que hasta ahora han vivido más o menos ignorados.

…el médico del futuro tendrá dos finalidades principales. La primera será ayudar al paciente a alcanzar un conocimiento de sí mismo y a destacar en sí los errores fundamentales que esté cometiendo, las deficiencias de su carácter que tenga que corregir, y los defectos de su naturaleza que tenga que erradicar y sustituir por las virtudes correspondientes.

Semejante médico tendrá que haber estudiado profundamente las leyes que rigen a la humanidad, a la propia naturaleza humana, de forma a poder reconocer en todos los que a él acuden los elementos que causan el conflicto entre el alma y la personalidad.

Cada caso requerirá un cuidadoso estudio, y sólo quienes hayan dedicado gran parte de su vida al conocimiento de la humanidad, y en sus corazones arda el deseo de ayudar, podrán emprender con éxito esta gloriosa divina labor en pro de la humanidad, abrir los ojos al que padece e iluminarle sobre la razón de su existencia, inspirarle esperanza, consuelo y fe que le permitan dominar su enfermedad.

El segundo deber del médico será administrar los remedios que ayuden al cuerpo físico a recobrar fuerza y ayuden a la mente a serenarse, a ensanchar su campo y a buscar la perfección, trayendo paz y armonía a toda la personalidad.

Semejantes remedios se encuentran en la naturaleza, para cura y consuelo de la humanidad.

La escuela médica del futuro no se interesará particularmente por los resultados finales y productos de la enfermedad, ni les dará tanta importancia a las actuales lecciones físicas, ni administrará drogas y productos químicos para paliar los síntomas, sino que, conocedora de la verdadera causa de la enfermedad y consciente de que los resultados físicos obvios son meramente secundarios, concentrará sus esfuerzos en aportar esa armonía entre cuerpo, mente y alma que conlleva el alivio y curación de la enfermedad.

La importancia de la meditación

Y ahora llegamos al problema crucial: ¿Cómo podemos auxiliarnos? Cómo mantener a nuestra mente y a nuestro cuerpo en ese estado de armonía que dificulte o imposibilite el ataque de la enfermedad, pues es seguro que la personalidad sin conflicto es inmune a la enfermedad.

El método perfecto de aprender es el pensamiento sereno y la meditación, y el llegar a un ambiente de paz y sosiego en el que las almas puedan hablarnos a través de la conciencia e intuición.

Solo con que podamos apartarnos un rato todos los días, perfectamente solos y en un lugar tranquilo, sin que nadie nos interrumpa, y sentarnos…veremos después de un tiempo que esos momentos nos ayudan mucho y que en ellos tenemos como flashes de conocimiento y de consejo.

El efecto negativo del miedo

Otra ayuda fundamental puede ser para nosotros desechar el miedo. El miedo en realidad no cabe en el reino humano, puesto que la Divinidad que hay dentro de nosotros, que es nosotros, es inconquistable e inmortal…

El miedo está actualmente desempeñando una importante labor de intensificación de la enfermedad, y la ciencia moderna ha extendido el reinado del terror al dar a conocer al público sus descubrimientos, que no son más que verdades a medias.

Mientras las formas de vida inferiores, como las bacterias, pueden desempeñar un papel, o estar asociadas a la enfermedad física, no constituyen en absoluto todo el problema, como se puede demostrar científicamente o con ejemplos de la vida cotidiana.

El miedo, con su efecto deprimente sobre nuestra mentalidad, que causa inarmonía en nuestros cuerpos físicos y magnéticos, prepara el camino a la invasión.

La importancia de cuidar nuestro cuerpo

Sin llegar a identificarnos demasiado con nuestros cuerpos, debemos tratarlos con respeto y cuidado para que se mantengan sanos y duren más tiempo, a fin de que podamos realizar nuestro trabajo.

La limpieza interna y externa es de gran importancia.

La limpieza interna depende de la dieta, y deberíamos elegir cosas limpias y completas y lo más frescas posible, principalmente frutas naturales, verduras y frutos secos.

Debe tomarse mucho líquido para limpiar el cuerpo, como agua y vinos naturales y productos derivados directamente del almacén de la Naturaleza, evitando las bebidas destiladas, más artificiales.

Cristo, Buda y la Hermanad Blanca

La enfermedad es aparentemente cruel porque es el castigo de los malos pensamientos y de las malas acciones que fueron crueldad para otros. De ahí la necesidad de desarrollar el amor y la hermandad en nuestras naturalezas hasta el máximo, ya que así la crueldad será imposible en el futuro.

En nuestra civilización occidental, tenemos el ejemplo glorioso, el gran modelo de perfección y las enseñanzas de Cristo para guiarnos.

Eso mismo enseñó el Señor Buda y otros grandes maestros que de vez en cuando bajaron a la tierra a indicar a los hombres el camino de la perfección.

Y así llegaremos, hermanos, al glorioso resplandor del conocimiento de nuestra Divinidad. Empecemos a trabajar firme y verazmente para cumplir el Gran Designio de ser felices y comunicar la felicidad, uniéndonos a esa gran Hermandad Blanca cuya existencia y razón de ser consiste en obedecer la voluntad de su Dios, y cuya mayor dicha se encuentra en el servicio de sus hermanos menores.

La conclusión del Dr. Bach sobre la salud

Así pues, vemos que nuestra victoria sobre la enfermedad dependerá principalmente de lo siguiente:
primero, hay que tener conciencia de la Divinidad que hay dentro de nosotros y de nuestro consiguiente poder de superar las adversidades;

segundo, hay que saber que la causa básica de la enfermedad obedece a la falta de armonía entre la personalidad y el alma;

tercero, hay que tener la voluntad y la capacidad de descubrir el defecto que causa semejante conflicto;
y en cuarto lugar, hay que suprimir ese defecto desarrollando la virtud contraria.

Edward Bach (1886 – 1936), fue médico cirujano, bacteriólogo, patólogo y homeópata inglés. Es conocido por ser el desarrollador de las Flores de Bach e igualmente, por haber desarrollado una filosofía y un método que aplica las esencias florales con fines terapéuticos conocido como terapia floral.

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